22 de marzo de 2017

Reflexiones en torno al Impuesto sobre Sucesiones

Autor: Rubén Mayorga Martín, abogado
Responsable del Departamento de Sucesiones en Galatea Abogados



En este momento de debate abierto acerca del Impuesto sobre Sucesiones en España y la presión de la propaganda mediática a la que está siendo sometido, veo necesario comentar aquellos aspectos que representan una realidad y aquellos otros que proliferan desde hace un tiempo y que, a mi modo de
ver, son únicamente falacias usadas para hacer creer a quien no es rico que sí lo es, con el fin de alarmar a la sociedad en un intento de lograr la presión suficiente como para suprimir dicho impuesto, lo cual sólo beneficiaría básicamente a una élite determinada y no a la mayoría de la población.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que este impuesto tiene un papel redistribuidor de la
riqueza, de forma que estamos ante un impuesto progresivo al cual tendremos la obligación de hacer
frente en función de nuestra capacidad contributiva, o lo que es lo mismo, cuanto más heredemos más
vamos a pagar, paliando así el efecto transmisor de desigualdad social que provocan las herencias.

Resulta necesario comprender que este efecto debe ser sometido a unos límites fiscales, ya que de
contrario se estaría fomentando la desigualdad de oportunidades y la división en clases sociales cada
vez más distantes en cuanto a su nivel de riqueza. Una vez claro el fin del impuesto, hay que destacar
que actualmente en la aplicación del mismo se procura una especial protección a la transmisión familiar, estableciendo así reducciones en el tributo, en función del grado de parentesco, que facilitan la transmisión de la herencia a la familia más directa, quienes además son generalmente los beneficiarios en la mayoría de herencias, lo que lleva a que en la mayor parte de este tipo de transmisiones no se llegue a tener que pagar el impuesto.

Por otro lado, vivimos en un estado de autonomías, donde las distintas comunidades autónomas tienen la competencia cedida en materia de este impuesto, lo que provoca que su gestión sean distinta
según la comunidad en la que nos encontremos, resultando comprensible que en cada una existan
reducciones y tramos de aplicación distintos. No obstante, entendiendo que cada comunidad es libre de gestionar su impuesto, en algunas, como Madrid, parece que se han olvidado del fin redistribuidor del mismo, reduciendo su impacto fiscal tanto que prácticamente nunca se tributa o se hace a un nivel muy bajo, provocando el traslado de grandes patrimonios a estas comunidades para no tributar, lo que resulta cuanto menos cuestionable de cara a la estabilidad del Estado ya que contribuye a la competencia fiscal y a la desigualdad económica y laboral entre comunidades.

Para ir finalizando, quisiera profundizar un poco sobre el caso de Andalucía, tan criticado,
donde cabe destacar que recientemente se ha incrementado la reducción a 250.000€ para cónyuge o parientes directos en la base imponible del impuesto, es decir, que sólo se pagaría en caso de que cada uno de esos herederos recibiese por adjudicación de herencia una suma superior a ese valor, cosa que en la mayoría de herencias no se da, y ahí es cuando me surge la pregunta, ¿en serio todos los que protestan o están asustados van a recibir estas herencias?, creo que no, de hecho la mayoría ni se acercan a esas cifras, simplemente están mal informados. 

Esta falta de información lleva también a que mucha gente englobe todos los impuestos que va a afrontar en la sucesión, confundiendo el Impuesto sobre Sucesiones con el Impuesto sobre el Incremento del Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana, más conocido como Plusvalía, que se paga por la transmisión de inmuebles. Por lo tanto, sabiendo que en la mayoría de herencias suele haber al menos un inmueble, creo que debe quedar claro esta diferencia entre ambos impuestos y es que en la mayoría de casos no se paga por el de sucesiones, en cambio, siempre se paga la plusvalía municipal por la transmisión de los inmuebles urbanos, lo que lleva a que, siendo este un país con una cultura bastante extendida de invertir en ladrillo, en ocasiones los herederos tengan que pagar altas cifras debido a la plusvalía, aunque no se llegue a tener que pagar por sucesiones.

En conclusión, no creo que la solución sea eliminar el impuesto, sino más bien centralizarlo o
equipararlo
de forma que no existiese esa competencia entre comunidades, procurando un sistema de aplicación que proteja aquellas transmisiones hacia cónyuges o parientes directos pero sin olvidar el fin  redistribuidor de la riqueza que tiene este tributo. 

Si eres un ciudadano medio, no tienes que temerle nada a este impuesto, eso sí, ojo con invertir todo en inmuebles, sé previsor y deja algo de liquidez para que tus herederos puedan afrontar el pago de las plusvalías, y sobre todo, infórmate y que no te engañen.

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Imagen inicial: pexels

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