8 de marzo de 2017

La mujer en la abogacía

Autora: Inmaculada Atencia Robledo, abogada
Vicedecana del Colegio de Abogados de Málaga



Con motivo del Día Internacional de la Mujer, y no sólo la trabajadora, que se celebra el día 8 de marzo de cada año, cuya primera celebración en algunos países europeos se remonta al año 1911, y declarado como tal en el año 1972 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, me han pedido y me he animado a escribir sobre la mujer en la abogacía.

Mi primer recuerdo como abogada me lleva a pensar en mi padre, Manuel Atencia García. Desde pequeña tuve claro que quería ser abogada como él. Aunque no tuvo intención de influir en mi decisión y en mi futuro profesional me transmitió su pasión por la abogacía. Seguro que mi admiración por sus cualidades personales, por sus habilidades sociales y su gran preparación jurídica caló en mi decisión de dedicarme a la abogacía.    

Mi otro recuerdo es de mi hermana Inés. Desde que me incorporé al despacho al terminar la carrera de derecho, ha sido junto a mi padre, mi maestra.  

Esas circunstancias profesionales y personales vividas en torno a mi padre y a mi hermana como un binomio integrador ha sido sin duda un hecho determinante en mi visión profesional de la abogacía. El hecho de trabajar con los dos, hombre y mujer, me hizo darme cuenta de lo importante de la visión conjunta y complementaria de las cosas y a concluir que en la complementariedad de miras está el valor.

La realidad es que mi experiencia profesional como mujer ha sido positiva. En los años que llevo ejerciendo la profesión no he percibido, al menos de forma directa, discriminación alguna y si así hubiera sido en el fuero interno de algún profesional, compañero o cliente estoy convencida de que esa percepción se fue dispersando en cuanto comprobara que la profesionalidad de una persona no se determina por el sexo de quien ejerce la profesión. Ninguno de ellos, ni jueces, ni magistrados, ni fiscales, ni letrados de la administración de justicia, ni compañeros, ni procuradores, han actuado ni conmigo ni en mi presencia de forma discriminada. Y en cambio sí que he vivido cómo algunos de ellos han puesto en valor la incorporación de la mujer al mundo de la abogacía.
   
Por ello, lejos de recordar situaciones de discriminación vividas en el pasado y algunas de las que desgraciadamente quedan, mi visión quiero que sea  optimista y positiva.  

Sin embargo, una cosa es mi experiencia personal, y otra muy distinta la realidad de que siguen existiendo obstáculos reales en el mundo profesional para la mujer. Las estadísticas así lo recogen, pues por desgracia continúan existiendo diferencias salariales en perjuicio de la mujer y por desgracia la mujer continúa encontrando dificultades para poder acceder en igualdad de condiciones a puestos de responsabilidad y dirección en sus empresas. Y ello unido al hecho de estar ante una sociedad que valora la cultura del presentismo por encima de la cultura conciliadora, me lleva a concluir, aún a mi pesar, que nos queda camino por recorrer. Y en la abogacía como en las demás profesiones también.

Por ello lo que me queda es animaros a reflexionar sobre la forma de poder ayudar a concienciar a nuestro entorno de la importancia de la igualdad de la mujer en el mundo profesional y de la importancia de la implantación de políticas integradoras,  y os animo a estar presentes a tal fin en la sociedad para hacernos visibles y poner en valor a la mujer y lo que representamos. 

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