28 de septiembre de 2016

Unión Europea y España: 30 años de encuentro

Autora: María Isabel Carmona González, abogada
Especialista en Derecho Mercantil, Internacional y de las Nuevas Tecnologías
Miembro de la Sección de Nuevas Tecnologías del Colegio de Abogados de Málaga

Logo de los 30 años de España en la UE (Comisión Europea en España)

La celebración de un aniversario siempre es una buena ocasión para hacer balance y reflexionar sobre el futuro. Este año se cumplen 30 años de la incorporación de nuestro país a la Unión Europea y con este motivo la Fundación General de la Universidad de Málaga, en el marco de los cursos de verano organizados en su sede de Marbella, impartió durante los días 18 a 22 del pasado mes de julio el curso "España en la UE y la UE en España 1986-2016. Balance y prospectiva" dirigido por la Catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Institucionales de la Universidad de Málaga Dª Magdalena Martín Martínez.

Logo de la Presidencia española del Consejo (Ministerio de la Presidencia)

Además de reflexionar sobre lo que ha supuesto para España su pertenencia a la UE el curso pretendía ampliar el foco del análisis sobre otra interesante perspectiva: valorar la huella que ha dejado nuestro país en la propia Unión y especialmente cuál debe ser nuestra posición frente a los problemas a los que actualmente se enfrenta el proyecto europeo.

Aunque cada una de las jornadas del curso estuvo dedicada al análisis de un bloque de temas específico para facilitar su examen (vertiente política, jurídica, social, económica e internacional) la interconexión existente entre ellos hizo que se algunas cuestiones se abordaran desde un planteamiento más global. Pese a que es difícil sintetizar en pocas palabras la riqueza de las reflexiones que se expusieron y debatieron a lo largo de las cinco jornadas del curso, pueden extraerse una serie de conclusiones generales en las que coincidieron la mayor parte de los ponentes.

Un balance en general muy positivo.
La opinión mayoritaria fue que nuestra pertenencia a la UE ha resultado muy positiva ya que nos ayudó, entre otras cuestiones, a consolidar la democracia o modernizar nuestra economía y, en definitiva, a avanzar como país en el contexto internacional. Por otra parte, España se ha caracterizado por ser un socio activo con una actitud constructiva que ha realizado importantes aportaciones al avance de la Unión, tales como la dimensión y perspectiva latinoamericana o las significativas contribuciones a la Carta de Derechos Fundamentales y al desarrollo de modelos de políticas de igualdad.

Sin embargo el optimismo y la ilusión del principio se han visto atemperados por la actual situación de crisis que padecemos a todos los niveles pese a que nuestro nivel de desafección por el proyecto europeo sigue estando por debajo de la media. Si bien no nos cuestionamos la necesidad de pertenecer a la Unión quizás nos falte realizar un esfuerzo de prospectiva: tenemos que decidir cuál debe ser el futuro papel de España en la UE y cómo debe ser esa UE en la que queremos estar.

Los grandes retos.
En las diferentes intervenciones se analizaron en profundidad los grandes retos a los que se está enfrentando la Unión y cuya superación es vital para la propia supervivencia del proyecto europeo destacando tres:
  1. La pérdida de confianza en el actual modelo europeo. Si bien se considera que los valores que promovieron la fundación de la UE y su desarrollo no están en riesgo, la situación mundial actual precisa que se pongan al día. El Brexit ha supuesto una cruda llamada de atención ante esta realidad y un escenario que obliga a dar una solución inmediata a la disyuntiva entre avanzar en la consolidación del proyecto común o devolverlo a un entorno limitado por los intereses de los estados-nación.  Se apreció un cierto consenso sobre los motivos de esta desaffectio por el proyecto europeo que recorre el continente: una baja calidad tanto de la democracia como de los líderes nacionales, un cambio en la valoración de los problemas y sus responsables donde los logros se atribuyen a la acción de los estados y los problemas a la "burocracia" de Bruselas y una falta de liderazgo a nivel comunitario, incapaz de asumir riesgos y cambiar la actual desazón por ilusión en un futuro común. Y aunque no se propusieron soluciones concretas sí se reclamó un fortalecimiento del liderazgo y de las instituciones para poder avanzar en el proyecto europeo.
  1. La crisis económica y financiera.  Los incuestionables efectos que la crisis dejó en el ámbito europeo (recuperación precaria, riesgo de estanflación, incremento de la desigualdad económica etc.) tienen que solucionarse en un entorno donde el proceso de Unión Económica permanece inacabado. Aunque se crearon mecanismos de coordinación que se reforzaron tras la crisis (p.ej. mecanismos de asistencia financiera para países con dificultades de financiación), dichos mecanismos no estaban previstos en los Tratados por lo que tuvieron que generarse al tiempo que evolucionaba la crisis incluso acudiendo a fórmulas de derecho internacional (tratados) situadas al margen del derecho comunitario. Esto ha dificultado la obtención de soluciones basadas en una perspectiva comunitaria y menos en intereses nacionales.  Desde la posición española se propusieron como alternativas la revisión de la arquitectura del estado (especialmente en el diseño del sistema de financiación de los entes autonómicos y locales) y una mayor integración para que Europa pueda verdaderamente ser la solución como proclamaba Ortega.
  1. Crisis de los refugiados y la evolución de los principios básicos sobre los que se fundamenta el desarrollo de la Europa de los ciudadanos. La actual crisis de refugiados a que se está enfrentando el proyecto europeo ha puesto de rabiosa actualidad la evolución de la libertad de circulación de personas y el sistema común europeo de asilo al tiempo que está sacudiendo uno de los elementos esenciales de su construcción. Sigue planteándose la disyuntiva entre avanzar hacia un modelo de unión más inclusivo y solidario o volver a los orígenes centrándose en la construcción de una unión de carácter predominantemente económico. De nuevo la Europa de los mercaderes frente a una Europa de los ciudadanos.
Caminando hacia el futuro.

Si bien se manifestó un cierto acuerdo sobre la necesidad de permanecer en la UE no quedó tan claro cuál es el modelo de Unión en el que queremos quedarnos y cómo. La política europea se ha caracterizado siempre por intentar buscar un equilibrio entre posiciones contrapuestas por lo que la solución a los problemas detectados debería afrontarse desde esta perspectiva; trabajando en la búsqueda de equilibrios entre la libertad y la seguridad, la profundización en la integración o la vuelta a la perspectiva de los estados nacionales, la Europa del comercio o la de los ciudadanos etc. intentando además conjugar democracia y soberanía en un entorno globalizado cuando estos conceptos no pueden darse a la vez y con la máxima intensidad.

El proceso se encuentra lastrado por la falta de calidad de liderazgo tanto a nivel europeo como nacional pero debe seguir adelante. Hoy nos enfrentamos a problemas globales que requieren soluciones globales y Europa debe convertirse en un actor principal que participe en la gobernanza de la globalización y no se limite a defenderse de ella. De no ser así nuestro futuro podría verse seriamente comprometido.

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Imágenes:
http://ec.europa.eu/spain/sobre-la-ue/espana-30-ue/index_es.htm
http://www.xn--espaa-ue-yyavan30-ixb.eu/

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