14 de septiembre de 2016

Una toga para los intérpretes

Autora: Victoria Moreno Leyva,
Traducción/interpretación judicial 

La semana pasada me invitaron a un cumpleaños. Si lo pienso detenidamente, me parece un rito maravilloso esto de celebrar el aniversario del nacimiento de una persona. Así como la liturgia que acompaña a la celebración del hecho de envejecer. A grandes rasgos, nos reunimos con la familia y los amigos, compartimos una tarta en la que soplamos las velas que representan los años vividos y nos regalan presentes para celebrar el pasado y el futuro.

Bueno, que yo lo que quería era hablaros del cumpleaños al que fui la semana pasada. Mi amiga cumplía los treinta – según mi abuela treinta y uno, porque lo que cuenta es el año que vas a vivir - y en esta ocasión, quería hacer algo especial. Nos envió un email con información de la fiesta. En el email también mencionaba una petición: los invitados debían ir de blanco. En mi caso, me centré en planificar el volumen de trabajo para cumplir con el plazo de entrega, no podía perderme el cumpleaños. El día de la fiesta me levanté muy temprano, revisé por última vez el texto y lo envié al cliente con satisfacción y alivio. Me di una ducha, me puse mis pantalones cortos, la camiseta más fresquita y conduje en dirección al cumpleaños. Por el camino me llegó el email de confirmación de recepción. Genial. Ahora tocaba disfrutar. Cuando llegué a mi destino, aparqué y llamé a la puerta de la casa. Al abrir ¡menuda sorpresa! Había olvidado por completo la petición. A mi alrededor todos iban de ibicencos y yo de grancanaria.

La situación era cómica y llamaba la atención porque sin pretenderlo, me había convertido en el elemento disonante de la fiesta. Rompía la armonía, si, pero al fin y al cabo era una fiesta, pasada la vergüenza inicial, y el ayqueverquecabezatienes, no influyó un ápice en la diversión general.

Entonces pensé en cómo esa sensación me era familiar.

Interpretación judicial Icamalagablog
Me acordé de las veces que interpretando en  sala lo había pensado. En los juicios, mientras miraba al estrado: los abogados, el juez, el fiscal...Todos llevaban aquellas togas negras, solemnes, rituales, litúrgicas y esenciales para celebrar el acto del juicio. Esas vestiduras que los preparan para una ceremonia casi teatral. Recordé uno de mis primeros juicios, cuando me llamaron para que fuera a sala, sin citación previa y sin saber de qué delito se trataba. Me visualicé con prisa por los pasillos, con unas cuñas marrones y un vestido largo azul claro de florecitas, si si, de estos hippies que se llevan ahora tanto. Se trataba de un juicio por tentativa de homicidio y hasta los GEO llevaban uniforme. Me acordé de lo que me habría gustado haber pedido prestada una toga. Me imaginé como sería la nuestra. De un azul añil brillante, con puñetas bordadas y el escudo del Cuerpo de Intérpretes Judiciales en un hilo amarillo y azul grancanario.

Obviamente, cada uno es libre de vestir como guste, aunque en determinadas situaciones, trabajos o fiestas de cumpleaños, conviene más no alterar la armonía del entorno y adaptarse al contexto en el que se va estar.


Y como por el momento, el Cuerpo de Intérpretes Judiciales carece de toga, bata, pijama o uniforme, intento entretanto ir lo más armónica posible en sala. Quizás el dónde fueres haz lo que vieres de mi abuela resuma esta percepción. Y es que el intérprete judicial es una parte tan esencial en la celebración del acto del juicio como el resto de invitados, digo, de las partes.  

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