6 de julio de 2016

Claves para mejorar la inteligencia emocional del abogado

Autora: Berta Santos Rouco,
Abogado y Coach jurídico




El ejercicio de la abogacía está inmerso en una serie de cambios que están obligando al abogado a desarrollar nuevas competencias para la práctica de la profesión, además de las competencias técnicas tradicionales.

Estas nuevas competencias implican darle importancia a la dimensión humana de la profesión. El abogado no es una figura que actúa en solitario sino que desempeña su actividad e interactúa con diferentes personas, ya sea con colaboradores, abogados contrarios, clientes y personal del juzgado.

A este respecto, resulta cada vez más importante el manejo de este tipo de relaciones por parte del abogado, así como de las situaciones de estrés y de tensión que se producen en la práctica diaria.

Actualmente es fundamental para el abogado que, además de contar con unas excelentes competencias técnicas, sea capaz de adquirir otras competencias de management o de gestión de aplicación a su ejercicio profesional como la comunicación, el liderazgo y la inteligencia emocional.

La inteligencia emocional permite al abogado manejar sus propias emociones, además de ayudare a comprender las emociones de los demás. Dominar el lenguaje emocional y reconocer las emociones de los otros son aspectos fundamentales para construir relaciones auténticas, empáticas y generar vínculos de confianza con las personas.

La inteligencia emocional es una competencia que puede desarrollarse ya sea a través de formaciones específicas o a través de procesos de coaching. Cada vez son más los abogados que se ocupan de esa materia, como parte de su desarrollo profesional.

Los abogados comienzan a comprender la necesidad de los clientes de buscar abogados capaces de entender su caso, tomando en consideración también cómo les afecta a nivel emocional el asunto. Un abogado capaz de gestionar sus emociones adecuadamente, que muestra cercanía y confianza, sin que ello suponga, que el abogado se convierta en el psicólogo del cliente, son aspectos cada vez más valorados por los clientes. Una adecuada gestión emocional permitirá al abogado tener mayor conocimiento de su cliente, aumentar su satisfacción laboral, generar mejor ambiente de trabajo en el despacho y mejorar su capacidad para trabajar en equipo.

En este sentido, la práctica de la abogacía y las emociones no son incompatibles sino que el abogado ha de ser capaz de comprenderse y conocer sus propios comportamientos para poder entender a los demás. De lo contrario al abogado será percibido por el cliente con desconfianza, distancia e inseguridad, lo que impedirá lograr un mayor entendimiento del caso y lograr fidelizar al cliente.

A continuación enumeraremos los aspectos fundamentales que pueden ayudar al abogado a desarrollar su inteligencia emocional:

  1. Incrementar la consciencia de sus propias emociones
    Para ello es importante que el abogado sea capaz de parar la vorágine de su día a día, tomar la distancia necesaria aunque sea sólo por unos minutos y darse cuenta de cómo está reaccionando ante una determinada situación y por qué. Ese paréntesis es especialmente recomendable en situaciones intensas, de gran tensión o de estrés.
  2. Manejar sus propias emociones
    Una vez que el abogado ha reflexionado y es consciente de su reacción ante una determinada situación es fundamental que pueda encontrar la manera de expresar sus emociones. Para ello, en ocasiones será necesario replantear la relación con sus colaboradores o incluso también con los clientes cuando el abogado sienta que ésta se está deteriorando y que necesite clarificar ciertos aspectos. La expresión de las emociones ayuda a mejorar problemas de comunicación entre las personas y evitar la creación de emociones y comportamientos negativos o enrarecidos.
  3. Percibir las emociones de los otros
    Entender las emociones de los demás mediante la interpretación del lenguaje no verbal, aprender a interpretar los gestos, el silencio, la posición corporal. Todo ello puede dar una información valiosa al abogado ya sea respecto a sus clientes o respecto a los abogados contrarios, en las reuniones de negociación o en el juzgado.
  4. Influir en las emociones de los demás
    En la medida en que el abogado es capaz de comprender sus propias emociones y las emociones de los demás, puede elegir la respuesta más adecuada ante una determinada situación, minimizar conflictos y construir relaciones de confianza. Un abogado con inteligencia emocional podrá influir y tener mayor impacto en los demás, así como contar con una visión más global del asunto.
En consecuencia, son numerosos los beneficios que obtendrá el abogado en el desarrollo de su inteligencia emocional. La competitividad y la exigencia que existe hoy en día en la profesión implican la necesidad del abogado de convertirse en un profesional más completo, un abogado que sea gerente y líder de su despacho, que pueda acercarse a su cliente y conocerlo mejor. Sin duda, invertir en esta competencia redundará en aspectos positivos para el abogado, su despacho y, por supuesto, sus clientes.

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