1 de junio de 2016

"Niños no": Derecho de admisión o trato discriminatorio

Autora: Carmen Andrey Martín, abogada
Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla


Cada vez es más común la tendencia de hoteles, restaurantes e incluso líneas aéreas de dirigirse a un público exclusivamente adulto. Para algunos supone un plus de relax el estar en un restaurante con suave música de fondo en vez de gritos, llantos o risas infantiles, sin posibilidad alguna de tropezar con niños correteando entre mesas; baños tranquilos en la piscina y playas privadas en las que lo más que se oye es el ruido del mar. Para otros, sin embargo, prohibir a un menor la entrada a un hotel o restaurante por el simple hecho de ser menor supone un trato claramente discriminatorio que vulnera el art. 14 de la Constitución.

Estamos ante una cuestión muy controvertida: el sector empresarial que opta por este tipo de oferta la justifica amparándose en el derecho de admisión y en la libertad de empresa, que les faculta para una especialización de los servicios de ocio dentro de la legalidad. Esgrimen como argumento que nos encontramos ante una sociedad cada vez más segmentada, con bares o establecimientos a los que acudir a aprender inglés, hoteles para mascotas y un largo etcétera. En definitiva, no se trata de una exclusión sino que hay empresas que dirigen su oferta de servicios a un determinado sector de la población, en este caso a un público exclusivamente adulto.

Opuesto al anterior existe otro grupo de opinión formado en su mayor parte por asociaciones familiares, argumentan que el derecho de admisión no es un derecho ilimitado por lo que debe existir una causa justificada y objetiva para la exclusión del menor. La prohibición de fumar en un restaurante está amparada en razones de salud pública, la restricción de edad en una discoteca o sala de espectáculos no adecuados para un menor de edad también queda justificada al tratar de salvaguardar su interés; pero ¿cómo justificamos la exclusión de un menor en un hotel o restaurante por el simple hecho de entender que va a molestar al resto de clientes, precisamente además sólo por tener la condición de “niño”?

La normativa reguladora del derecho de admisión, si bien depende de la Comunidad Autónoma en la que nos encontremos, en líneas generales determina que no puede utilizarse dicho derecho para restringir el acceso de manera arbitraria o discriminatoria ni situar al usuario en condiciones de inferioridad o indefensión. Las asociaciones familiares defienden que el motivo de la restricción es simplemente ser niño y de ahí la consiguiente discriminación y vulneración de derechos fundamentales.

Estemos de acuerdo con una u otra postura lo cierto es que la proliferación de establecimientos turísticos sólo para adultos donde no se admiten menores responde a una realidad social, ¿cuántas veces no hemos escuchado de alguna pareja o incluso dicho nosotros mismos eso de “nos vamos solos a un hotel rural el fin de semana para desconectar de los niños”?

En mi opinión parece que esta “oferta especializada de servicios” está en el marco legal del derecho de admisión, por mi parte lo considero una especialización y no una exclusión, si bien la línea que lo separa del trato discriminatorio será más delgada en algunos casos que en otros: no es lo mismo ir con tu hijo por la calle y que te prohíban la entrada en una cafetería a pretender hacer una reserva previa con tu familia en un hotel cuya oferta de servicios consiste en promocionar relax y ocio para parejas. Creo que todos tenemos claro que los niños no tienen por qué molestar ni deben estar excluidos de ninguna parte por el hecho de ser niños,  quizás se trate simplemente de recurrir al sentido común y proporcionar a cada uno la oferta de ocio adecuada según su edad, circunstancias o apetencias en un determinado momento.

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Foto inicial: pexels

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