18 de mayo de 2016

Retrospectiva: Decálogo de Don Ángel Ossorio y Gallardo

Autor: David Gómez de Miguel, abogado
Socio en López & Gómez Abogados


Sin duda, a pesar de los tópicos, la abogacía es una profesión harto complicada, un cáliz que en ocasiones resulta amargo. Nos vemos inmersos en el epicentro de una gran tormenta en la que confluyen no sólo la pugna de intereses con la parte contraria, cuya dirección letrada siempre es asumida por otro compañero que ha puesto todo su diligencia y conocimiento en su defensa; sino con las propias circunstancias que acompañan al cliente. A ellas se suelen sumar ciertas inquietudes sustentadas por el mal consejo de su entorno y de internet; y con aquellas derivadas en ese batiburrillo de elementos que se cuecen a fuego lento en el juzgado, como son los propios medios con los que éste cuenta, los trámites y resoluciones procesales, que inciden en el desasosiego y desbordamiento de nuestro cliente al verse sumido en tal páramo judicial.

Así, para poder hacer más llevadero el tránsito de este sendero profesional, plagado de no pocas tribulaciones, por fortuna siempre he encontrado  tanto el amparo de la familia y de las amistades también ejercientes –a los que siempre estaré agradecidísimo–, así como de aquellos abogados que dejaron su impronta literaria. Uno de ellos es don ÁngelOssorio y Gallardo. Se acerca el aniversario de su muerte (19 de mayo de 1946) y  quisiera honrar la memoria de este abogado cuya trayectoria profesional y vital estuvo marcada por su honestidad y su actuar consecuente.

Este insigne personaje plasmó su experiencia acumulada de sus años de ejercicio en la obra titulada El Alma de la Toga (1919), de la cual me gustaría destacar las reflexiones  deontológicas recogidas al final de la misma y expuestas a modo de decálogo. Las expongo aquí por si pudieran ser objeto de interés y reflexión en el discurrir profesional del compañero que las precise. Estas son:


      I.       No pases por encima de un estado de tu conciencia.

     II.       No afectes una convicción que no tengas.

    III.       No te rindas ante la popularidad ni adules a la tiranía.

   IV.        Piensa siempre que tú eres para el cliente y no el cliente para ti.

    V.        No procures nunca en los tribunales ser más que los magistrados, pero no consientas ser                       menos.

   VI.        Ten fe en la razón, que es lo que, en general, prevalece.

  VII.        Pon la moral por encima de las leyes.

 VIII.        Aprecia como el mejor de los textos el sentido común.

   IX.        Procura la paz como el mayor de los triunfos.

    X.        Busca siempre la justicia por el camino de la sinceridad y sin otras armas que las de tu                         saber.


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Foto inicial: pexels

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