17 de febrero de 2016

Una mano, una pata

Autora: Rosario Monter, abogada especializada en Derecho y Bienestar Animal.
Coordinadora de la Sección de Derecho y Bienestar Animal del Colegio de Abogados de Málaga

“Según una leyenda de los indios norteamericanos, el Dios Nagaicho creó el mundo. La leyenda especifica como creó al hombre y a la mujer, los ríos, los valles, las montañas, y los animales, uno a uno. Todos los animales, excepto el perro. Y es que cuando Nagaicho se fue a pasear, ya llevaba un perro con él. El perro siempre había estado ahí”. 
Leyendas aparte, desde el punto de vista jurídico, los animales tienen la consideración de bienes semovientes, meras cosas. Sin embargo no lo son. 
El Art 13 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europa, reconoce a los animales como seres sintientes, es decir, seres vivos dotados de sensibilidad.
La “Declaración de Cambridge sobre la conciencia” del 2012, (manifiesto hecho por neurocientíficos de renombrado prestigio)  concluye que los animales no humanos tienen conciencia y capacidad para percibir su propia existencia y el mundo a su alrededor.
Cuando hablamos de derechos de los animales, el criterio de igualdad con los animales es justamente su CAPACIDAD DE SENTIR.

Y dicha capacidad de sentir debe ser recíproca, y la base de la relación humano-animal. Una relación que va más allá de la norma escrita.

Ya no es infrecuente que en convenios reguladores de la separación, el divorcio y sus efectos, se contemplan disposiciones para regular la posesión de las mascotas porque es evidente el cariño y afecto que surge por éstos animales entre quienes les han cuidado…o que en testamentos se establezcan disposiciones a favor de perros, gatos y otros animales…o se solicite un régimen de visitas o de comunicaciones cuando el perro es propiedad de más de una persona. Véase AAP Barcelona, 5.4.2006.

Igualmente, dentro de los conceptos indemnizables, tras determinar la responsabilidad civil veterinaria, está el daño moral como aquél que no es patrimonial, y pese a que su prueba no es sencilla, subyace el afecto por el animal, la pesadumbre y dolor, así como el impacto anímico que produce en el dueño la pérdida de un animal de compañía. Véase SAP Tarragona, 13.5.2003.

Por ello debemos dotar a los animales de un estatuto jurídico, conforme a esta realidad y a su capacidad de tener sensaciones y experimentar dolor, angustia, sufrimiento y placer.

Pues entender, aceptar y respetar dicha capacidad lleva aparejada la responsabilidad sobre la forma en que deben ser tratados, la protección de sus derechos, la ampliación del círculo de compasión, y hacernos más humanos, en el sentido tan hermoso del término, para ofrecerles, al fin, una mano a cada pata.

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Foto inicial: pexels.

2 comentarios:

  1. No se puede acceder al enlace que adjuntáis!

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  2. Gracias por tu comentario, Eunomia, pero si te refieres a la referencia de la sentencia de la Audiencia Provincial, solo incluimos la referencia, no el enlace.

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