16 de septiembre de 2015

Conciliación familiar y abogacía




Francisco Sánchez Jiménez
Abogado (y también padre)

Voy a empezar desmontando un estereotipo que en cierto sentido sigue subsistiendo, aunque por suerte cada vez menos: soy padre y en casa, soy yo quien se encarga de los niños.

Tengo dos de corta edad (5 y 3 años) y mi mujer posee y atiende ella sola una tienda con horario comercial. Léase, con cierre al público bastante tarde, a horas intempestivas en algunas épocas como verano o Semana Santa. Ello conlleva que a diario, no mas allá de las 18h tenga que estar en casa y aún así necesito alguna ayuda externa para días de reuniones tardías o imprevistos en el despacho.

¿Posible? Claro que sí ¿Difícil? Sin duda alguna.

Lo primero que me planteé cuando nacieron los niños y mi mujer abrió la tienda fue comprimir la jornada. Empezar antes la jornada, cerrar menos tiempo al medio día (o ni tan siquiera hacerlo) y salir más temprano del despacho. No fueron pocos los que, con toda su buena fe, me advirtieron: los clientes querrán verte después de su jornada laboral o en cualquier caso bien tarde. Y nos les faltaba razón. Sin embargo mi planteamiento, no exento de riesgos por supuesto, era: yo no le impongo al médico la hora a la que tengo que acudir a la consulta, no se me ocurre hacer lo propio con el dentista; ni tan siquiera puedo hacerlo cuando algún profesional tiene que venir a mi casa. ¿Por qué tanta sumisión a los clientes? Bueno, tampoco se trata de ser demagogo, vivimos de ellos y sin duda esto conlleva una cierta pleitesía, pero ¿hasta dónde? o mejor dicho, ¿hasta qué hora?

No es fácil empezar a decir que solo das citas de 16h a 18 h o incluso por la mañana o, peor aún, a la hora del almuerzo, pero en mi experiencia es algo que es factible conseguir si te lo propones. No he sentido, tengo que reconocer, excesivo rechazo en los clientes, aunque a veces me han insistido en retrasar una cita. Supongo, para qué negarlo, que habré perdido a alguno o que algún otro se lo haya pensado más de dos veces antes de seguir contando conmigo. No me he parado a hacer una comparativa, pero si así ha sido, no lo ha sido de una manera tan notable que me haga replantearme mi decisión. Curiosamente, a veces incluso ha sido algún compañero el que me ha achacado no poder reunirme a las 20h o pretender hacerlo tras el almuerzo.

La conciliación laboral y familiar está muy en boga en casa, l con su vida (y su horario). No animstido en retrasar una cita.o nas hasta las 21h o 22h de la noche.DFA; ni tan siquiúltimamente. La adecuación al horario Greenwich tal y como por situación geográfica nos correspondería, la reducción de horarios de apertura, la sensibilización de la sociedad al descartar los históricos roles según género, etc, son medidas que al parecer están sobre la mesa. No seré yo quien pretenda hacer campaña por ello, ni tampoco seré el que critique al que quiera continuar con las largas siestas y las jornadas hasta las 21h o 22h de la noche.  Cada cual con su vida (y su horario). Faltaría más. Pero no pretendo sonar engreído cuando digo que a los clientes también se les enseña. E igual a ellos les encantaría de disponer de mí a la hora que quieran, y durante mucho tiempo así fue, pero ahora, mis deberes (es decir, mis placeres que nos son otros que mis hijos) son los que me esclavizan.

¿Conclusión? Pues lo dicho: ¿Posible? Claro, ¿Difícil? También.


Si te gustó este post, quizás te interese leer:
¿Abogacía slow?
Abogado, ¿profesión de alto riesgo?



1 comentario:

  1. Buenos días Francisco.
    Ante todo, darte la enhorabuena por el artículo y coincidir contigo en que ¡por supuesto que se puede cambiar la jornada laboral para conciliar mas! No solo para las obligaciones familiares, sino para con nosotros mismos.
    Hace 7 años, cuando nació mi segundo hijo, yo también adopté esa decisión: visitas por la mañana y mediodía y finalizar la jornada a las 18h iniciando la misma a las 7,30. Siempre hay excepciones y para ellas buscamos ayuda, pero con una buena organización y la planificación en casa ¡todo se consigue!.
    En aquel momento mis compañeros me dijeron que eso iba a ser imposible, que mis clientes no vendrían al despacho en ese horario. Y ¿sabes que pasó? Pues con los clientes absolutamente nada. Se adaptaron perfectamente, y a las empresas acudo yo a su oficina en su horario laboral, así que en este aspecto han mejorado el servicio que ya tenían.
    En mi calidad de vida, por supuesto que todo ha mejorado, así que, aunque es difícil ¡se puede! ¡por supuesto!
    Enhorabuena.

    ResponderEliminar

Déjanos aquí tu comentario. ¡Gracias por participar en la conversación!