2 de junio de 2015

Los contratos en inglés bajo ley española




El pasado 22 de mayo  asistimos a una interesantísima clase en la UMA a cargo del  Catedrático de Derecho Civil José María Miquel González al respecto de los contratos que se redactan siguiendo los usos anglosajones pero que se rigen por la legislación española.  Se ha impuesto una manera de contratar que puede ser considerada un uso, es decir, se han impuesto los usos anglosajones. Se da por ejemplo cuando una sociedad americana adquiere una sociedad española, pero, también, en la contratación entre empresas españolas con mucho tráfico internacional. También éstas contratan frecuentemente bajo estos modelos cuyas cláusulas responden a la formulación  y el estilo propios del Common law, si bien están sometidos a la jurisdicción de los tribunales españoles. Esta manera de contratar en la que hay un contenido  típicamente anglosajón que nos es ajeno no solo plantea problemas en España, sino en todos los países del Civil law. El profesor Miquel citó así la obra italiana Il contratto alieno. A veces estos contratos están redactados en inglés,  en español y en inglés y a veces solo en español pero pensando en inglés.

Es el caso del uso de las cartas de intenciones (Letter of intention) o el uso de ciertos tipos de condiciones que la doctrina española no suele mencionar, como son las promissory conditions (condiciones de cumplimiento, no de perfección).

Una característica particular de estos contratos es que  tienden a ser extremadamente largos. Ello es porque el Common law no tiene un trasfondo legislativo que sirva de Derecho supletorio, su Derecho de contratos no está legislado, sino que es de construcción jurisprudencial y por ello, todo lo que rige entre las partes debe estar contenido en el contrato. No tienen un Derecho supletorio ni quieren tenerlo; quieren que el contrato lo regule todo. No tienen tanta incidencia así en los contratos específicos (como ocurre en nuestro caso), sino que hay una teoría general del contrato muy elaborada que se aplica a todo contrato y el acervo normativo se ha construido a través de la jurisprudencia, se construye la doctrina a través del caso concreto

Otra característica típica de estos contratos son las definiciones, un tipo de contenido igualmente muy extenso. Llegan a definir hasta qué es euro o qué es dólar. Y esta costumbre de definirlo todo puede tener su transcendencia. Igualmente, otro contenido típico son las denominadas boiler plate clauses, cláusulas como por ejemplo la de entire agreement que se ponen en estos contratos de forma repetitiva y que pueden también tener su trascendencia cuando no se usan y debieran haberse incluido en la redacción.

En definitiva, en nuestro derecho y según reiterada jurisprudencia,  los contratos son lo que son y no los nombres que tengan; lo importante no es lo que se dice, sino lo que se hace. Una carta de intenciones que en principio no es vinculante, desde el punto de vista español puede ser un contrato en toda regla, puede haber un acuerdo suficiente según la legislación española. De ahí que los abogados que tomemos parte en las negociaciones y redacción de este tipo de contratos debamos tener las oportunas cautelas y leer bien las manifestaciones (representations) y garantías (warranties). En definitiva, todo va a depender del poder negociador que tenga nuestro cliente y del interés que tenga en la firma del contrato. 

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1 comentario:

  1. Excelente artículo No puedo estar más de acuerdo. No sólo recibimos del extranjero barbarismos en forma de anglicismos lingüísticos, sino multiplicidad de usos. Cuando estos usos interfieren con el derecho, hay que tener especial cuidado, empezando por los abogados y los jueces, pero también por los traductores y por las personas firmantes de contratos. He observado que el Civil Law se está erosionando en España en frentes muy importantes. A veces ya no parecemos un país de Derecho Romano. Ni siquiera los preceptos y principios tradicionales (Dura lex sed lex) están donde estaban hace unos años. Esto produce inseguridad jurídica grave. No soy abogado, pero es un tema que observo con preocupación. Los magistrados del Tribunal Supremo están compensando —en alguna ocasión— la "pereza legislativa" que corresponde a los cuerpos legislativos. Empezamos a tener Judge-Made Law. Sentencias "creativas". En fin, una cosa lleva a la otra. Con esto habría para una buena discusión o, al menos, un nuevo artículo. La mies es mucha.

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