8 de mayo de 2015

Violencia de género en entornos digitales

Autora: Camino García Murillo, abogada
Especialista en Derecho de las Tecnologías de la información



En los últimos años, las distintas manifestaciones de la violencia de género han evolucionado hasta convertirse en un una realidad mucho más difusa, con ramificaciones complejas, no siempre fáciles de detectar, y que requieren un replanteamiento de nuestras posiciones para combatir esta lacra de manera efectiva. 

Frente a la contundente respuesta por parte de organismos públicos y la sociedad en general ante agresiones físicas en el ámbito de la violencia de género, existen otro tipo de manifestaciones que obtienen una escasa respuesta de los agentes implicados por el desconocimiento de las mismas y la baja apreciación de su impacto negativo. Y es que la rápida evolución de las tecnologías de la información y su integración en nuestra vida cotidiana ha desencadenado una forma específica de violencia ejercida a través de entornos digitales: la eviolencia de género. 

Cabe destacar que no se trata de un nuevo tipo de violencia contra la mujer, sino que se basa en la utilización de nuevos canales (entornos digitales) para cometer actos de violencia de género ya existentes (violencia social, psicológica, etc.). 

Es violencia porque afecta a la integridad moral y emocional de la mujer dejándola expuesta ante conocidos y desconocidos. Y la intención del agresor es dañar la reputación de su víctima, generándole un tipo de presión psicológica y moral que tiene implicaciones muy serias para ésta.

Algunas conductas llevadas a cabo en el ámbito de relaciones de pareja podrían ser las que a continuación se detallan. No todas las citadas son necesariamente constitutivas de delito, pero pueden ser el preámbulo de su comisión, y pueden servir de señal de alarma:
  • Publicación de imágenes en entornos 2.0 vulnerando el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen así como la utilización de dichas imágenes como elemento de extorsión y sometimiento (sextorsión). 
  • Acoso a través de redes sociales, mensajería instantánea o correo electrónico. 
  • Uso de blogs, foros o chats para insultar o amenazar a la víctima. 
  • Suplantación de identidad en redes sociales, cuentas de correo, etc., para la realización de actos ilícitos o que menoscaben el derecho al honor de la víctima. 
  • Control de dispositivos (móviles, redes sociales, cuentas de correo electrónico) de la víctima. 
El problema fundamental reside en que estas conductas se perpetúan en el tiempo al no ser tratadas como actos de violencia de género y por tanto, no ser adecuadamente combatidas desde su comisión. Los principales factores que propician esta situación son los siguientes: 

  • En la mayor parte de supuestos, estas nuevas manifestaciones, sobre todo entre los más jóvenes, no se perciben como violencia de género ni por la víctima, ni por el entorno que participa y presencia estas agresiones (invisibilidad social). 
  • El efecto multiplicador de determinados medios TIC hace que la víctima destruya evidencias esenciales. 
  • Cuando la víctima se decide a actuar no sabe cómo hacerlo y desconfía de la efectividad de iniciar acciones legales.
  • Se genera un sentimiento de culpabilidad de la mujer por utilizar la vía penal para hacer valer sus derechos contra su pareja o ex pareja por actos que no considera lo suficientemente graves al no haber mediado otras manifestaciones de violencia de género (agresiones físicas). 
  • En determinados supuestos, existen dificultades para la determinación de la autoría en entornos digitales, lo que provoca, por un lado, en la víctima, una sensación de desprotección permanente, y por otro lado, en el agresor, una sensación de impunidad que propicia la comisión de nuevos actos de e-violencia. 
  • Existe un déficit formativo y de información al respecto por parte de la mayoría de los operadores jurídicos (jueces, ministerio fiscal, abogados), que en ocasiones necesitan auxiliarse de informáticos forenses y personal especializado para comprender la naturaleza y el proceso de comisión de este tipo de delitos. 
  • Ausencia de protocolos de coordinación efectivos para hacer frente a este tipo específico actos de violencia de género. 

En este nuevo entorno, las jóvenes son especialmente vulnerables por el uso más intenso y continuado de las herramientas tecnológicas en las relaciones de pareja, y por el retroceso que en los últimos años se ha experimentado en la consideración social a la que se someten los comportamientos e imágenes de las mujeres en entornos digitales. 

Esto no significa que estas actuaciones pasen desapercibidas en todos los supuestos, o no tengan cobertura jurídica. Por el contrario, nuestro Código Penal, aunque con carencias y elementos mejorables (algunos de ellos ya previstos en la reciente reforma), ofrecen mecanismos para combatir este tipo de conductas. 

Las amenazas a las que se somete a la víctima a través de redes sociales, servicios de mensajería o correo electrónico, se tipifican como delito de amenazas según lo previsto en el artículo 169 CP. 

Con la reforma del Código Penal se tipifican diversas conductas de acoso como los actos reiterados de acecho u hostigamiento, así como el uso indebido de datos personales, que podrán ser penados con hasta dos años de prisión. Por lo tanto, se tipifican como falta o delito, las llamadas o mensajes incesantes y hostigadores, que puedan lesionar la libertad y el sentimiento de seguridad de la víctima. 

Por otra parte, la publicación de fotografías que atenten contra la intimidad de la víctima, se tipifica por nuestro Código Penal como delito de revelación de secreto (197 CP) si la imagen fue obtenida sin consentimiento, o como delito contra la integridad moral (173 CP) o delito de injurias (208 CP). 

Asimismo, con la reforma del Código Penal se incluye un nuevo apartado 4 bis en el artículo 197 con el fin de castigar la difusión de imágenes o grabaciones audiovisuales que, si bien se obtuvieron con consentimiento de la víctima, son posteriormente difundidas sin autorización de ésta y lesionan gravemente su intimidad. 

Como conclusión, cabe destacar que la violencia de género en entornos digitales debe ser tenida en cuenta y combatida con rigor, por ser un elemento con gran impacto en la víctima en distintos ámbitos (psicológico, social, familiar, laboral) y al ser utilizada por el agresor como herramienta eficaz de sometimiento, control y humillación de la víctima de manera continuada, alterando su paz y estabilidad personal. Asimismo es fundamental detectar y perseguir estas actuaciones a tiempo, puesto que en muchas ocasiones, constituyen, especialmente entre los más jóvenes, la primera manifestación de una cadena de actos de violencia de género que en la mayor parte de supuestos sigue un recorrido escalable, evolucionando hacia el sometimiento psicológico y físico de la víctima. 

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Imagen superior: pexels.

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