16 de enero de 2015

Los caminos de la paz social: Mediación

Autora: Mª Isabel Medina Foronda, abogada
Sección de Mediación del Colegio de Abogados de Málaga

mediación

Las relaciones humanas y la vida en sociedad nos traen conflictos de convivencia que, unas veces, no llegan a ser gravosos o provocadores de enfrentamientos entre las partes protagonistas del conflicto, pero otras, hacen que esa convivencia se altere y se produzcan situaciones de tensión y/o violencia ya sea ésta física o verbal.

Hasta ahora el único modo u opción para resolver éstos problemas de convivencia social no era otro que: acudir al sistema judicial y a sus tribunales correspondientes para plantearlo en forma litigiosa (la “litis”: la controversia o posición enfrentada de las partes en el proceso); es decir, manteniendo el conflicto para que fuera un tercero (el Juez) el que, basándose en la Ley, estableciera la solución al mismo, sin intervenir las partes interesadas en esa solución final.

Pues bien, en la actualidad y derivada de la normativa comunitaria, existe otra opción más a tener en cuenta que, basada en la autonomía de la voluntad de las partes, la misma que se utiliza en el ámbito de los contratos, trata de buscar una solución adecuada, consensuada, pactada, pacífica, no litigiosa, a éstos conflictos sociales que se plantean; solución que, al contrario que la litigiosa, hace a las partes del conflicto, protagonistas del mismo y que, con ánimo de solucionar sus diferencias y encontrar la paz social, (que es la que en último término, se trata de encontrar en ambos casos; ya se plantee un litigio o una solución pacífica) acuerdan ellas mismas su solución, con ayuda de un tercero: el mediador, que (aquí radica su esencia también), a diferencia del tercero en el litigio: el Juez  no emite solución alguna sino que sólo guía o facilita su consecución, asesorando, en un primer momento, o neutralizando la tensión o violencia entre las partes conflictivas para llevar el asunto a su solución exitosa.

Entonces, en unos casos, los abogados como actores jurídicos, tomaremos parte en el conflicto litigioso para defender a nuestro cliente y su posición en el proceso, pero en otros casos, podremos actuar de mediadores; es decir, de facilitadores de la paz social, que es la que, en ambos casos, tratamos de lograr para la sociedad en su conjunto.

Porque, por ejemplo, ¿quién no ha tenido en su trayectoria profesional un asunto de divorcio en que haya sido muy difícil llegar al acuerdo recogido en el Convenio Regulador por la dificultad de comunicación entre las partes motivada por el resentimiento, la indecisión, la frustración o similar?

Y es que ocurre que, las disputas relativas al Derecho de Familia, son uno de los ámbitos donde más se ha se ha cuestionado la eficacia de la vía judicial, ya que se trata de conflictos caracterizados por un marcado componente personal y un alto grado de tensión emocional que, lejos de ser aplacado en el proceso judicial, es incluso potenciado y enconado.

Es en estos casos y en otros similares, donde la Mediación tiene su campo de actuación y su perspectiva de éxito asegurada.

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