12 de diciembre de 2014

La justicia en directo: la telerrealidad y el Derecho

El potencial dramático de un juicio es innegable. En el blog nos hemos ocupado en varias ocasiones de la relación entre el derecho y la ficción cinematográfica o televisiva, pero hoy nos acercaremos al género de la telerrealidad en su vertiente jurídica. En España la referencia suele ser el programa Veredicto, que gozó de  gran popularidad en los años 90 (Telecinco) recuperado años más tarde en una nueva versión por  Antena 3 (Veredicto final) aunque también hay otros ejemplos: Tribunal Popular en TVE , y más recientemente, de nuevo en Telecinco De buena ley  (que se ha estado emitiendo hasta este verano). Sin embargo, ninguno de ellos  logró la repercusión  que este tipo de  programas ha conseguido en Estados Unidos o en sus versiones para Sudamérica. 

Para esta entrada nos hemos basado principalmente en un estupendo artículo de Philipp Z.  Kimball publicado en The Journal of American Arbitration *.En él, el autor  analiza la sobreexplotación del arbitraje partiendo del programa Judge Judy, que lleva 18 años batiendo récords de audiencia en la televisión estadounidense. Su protagonista absoluta es Judy Sheindlin, una jueza de familia  retirada que se ha convertido en una súper estrella mediática y en una de las presentadoras de televisión mejor pagadas del país.El programa consiguió incluso  (tras su decimoquinta nominación) un Emmy en la categoría de mejor programa legal en 2013. Judge Judy pertenece a la categoría  de los  “syndi-courts shows”. Se trata de programas que se adquieren en el llamado “syndication market”. El término “syndication” hace referencia a la práctica de vender los derechos de emisión a  cadenas de televisión locales o de televisión por cable. En esta entrada utilizaremos el término en inglés. 

Este tipo de programas se ha convertido en un auténtico fenómeno televisivo en Estados Unidos. Sin embargo, parten  de una premisa errónea: las “syndi-courts” no son verdaderos tribunales, y los “jueces” son, en realidad, árbitrosLa publicidad y la cabecera de Judge Judy  insisten en que se trata de casos reales, con personas reales. 




Las partes deben firmar contratos de arbitraje antes de grabar el programa. Se trata de contratos de adhesión que conceden a los “jueces” un amplio grado de discrecionalidad en cuanto al procedimiento a seguir para resolver la disputa.


Otra de las peculiaridades del formato es que la productora del programa paga al “demandado”  que pierda. Si por el contrario, el “juez”  falla a favor del “demandado”, a cada parte se le abona una cantidad en concepto de aparición televisiva. En algunos de estos programas  se paga siempre por ese concepto, con independencia del resultado del “juicio”. Este sistema puede afectar, en opinión de Kimball, a la imparcialidad de los “jueces” que se vería condicionada por el mayor o menor coste económico que su decisión pueda suponer para el programa. 


Los “sindy-courts shows” se sirven de todos los recursos de la televisión para recrear el ambiente y el aura de un verdadero tribunal en el plató, intentando transmitir la solemnidad de un juicio real. Sin embargo, hay un elemento que es esencialmente diferente: el comportamiento del juez. Mientras que los jueces reales deben ejercer su función respetando las exigencias constitucionales y de la legislación de cada Estado, los “jueces” de los “sindy-courts shows”  se rigen básicamente por los índices de audiencia. Por eso Judge Judy es sin duda, la más dura y polémica de todos los jueces en televisión, como podéis comprobar en este  vídeo.


El  efecto que estos programas  pueden tener en la percepción del sistema legal por parte del público cobra una especial relevancia, si tenemos en cuenta que muchos de sus espectadores son potenciales miembros de un jurado. Este aspecto preocupa especialmente a Kimball, quien concluye su artículo proponiendo que estos programas sean objeto de alguna regulación legal.

 Para él, dicha legislación debería contemplar:
  • la obligación de incluir una advertencia (al inicio y al final de la emisión y durante el tiempo suficiente para ser legible-sugiere unos 5 segundos) aclarando que el programa no refleja un procedimiento judicial real
  • como mínimo, incluir una advertencia precisando que se trata de un arbitraje y no de un juicio
  • aclarar que los “jueces/árbitros” no se someten a las mismas normas que los jueces reales en el ejercicio de su función.
Mientras se produce o no esa regulación, lo que sí ha llegado es la respuesta británica a Judge Judy: Judge Rinder que, de momento, parece contar con una acogida positiva por parte del público. 

¿Tendremos una Judge Judy en nuestra televisión? 


* Journal of American Arbitration (JAA) - Vol. 4, No. 1 


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