16 de septiembre de 2014

Entrevistando a...Agustín Salinas, Secretario judicial en lo Social



Tras el verano, retomamos nuestra sección de entrevistas, con la que pretendemos acercarnos al día a día de los profesionales del mundo del Derecho, abrir los ojos a otras realidades, a otras verdades y puntos de vista. Y dirigimos la mirada en esta ocasión hacia los Juzgados de lo Social y la labor de los secretarios judiciales, con esta entrevista a Agustín Salinas secretario en el Juzgado de lo Social nº 5 de Málaga.

P: Agustín, ¿cómo es tu día a día?
R: Podemos decir que bastante normal, madrugar, ir al juzgado, una vez allí estudiar lo que entra, trabajar lo que sale, llevarme algún susto, o por qué no, darlo  a veces yo, intentando siempre dar el servicio público para el que me preparé; y una vez fuera del trabajo, hacer deporte, aprender idiomas, leer, y disfrutar de mi familia y de esta gran ciudad que es Málaga.
P: ¿Cómo llegaste a ser secretario judicial en lo Social?
R: Tras una ardua oposición, comencé mi carrera en un juzgado mixto de Martos, en mi provincia natal; ascendí voluntario tras seis meses a un Juzgado Penal de Mataró, en Barcelona, allí estuve dos años y medio y luego me trasladé a un juzgado de  menores en Barcelona. Volví a Andalucía para trabajar en el Juzgado de Primera Instancia nº 1 de Fuengirola, y desde hace casi cinco años estoy en Juzgado de lo Social nº 5 de Málaga.
P: ¿Cuáles son las principales dificultades que te encuentras en tu desempeño profesional?
R: La falta de medios, que en pleno siglo veintiuno se siga en muchos aspectos trabajando como hace treinta años no ayuda a agilizar la administración de justicia, no comprendo como sigue primando el papel sobre el soporte digital, con todos los problemas que ello conlleva; así como el exceso de trabajo que soportan los juzgados, lo que supone que el afán por sacar “papel” no permita el  estudio pormenorizado que algunos asuntos precisan; y por último, destacaría  que haría falta una política de personal diferente, con una retribución basada en la productividad, que el que trabaje más y mejor  vea recompensado su esfuerzo.
P: ¿Qué es lo que más te gusta de tu jurisdicción?
R: El trato con los profesionales, que al ser en número más reducido que en otras jurisdicciones, permite un una relación más cercana, lo cual creo facilita el trabajo.
P: ¿Y lo que menos? ¿Qué te gustaría que cambiara? ¿Qué reformas crees precisas?
R: Lo que menos me gusta es común con casi todas las jurisdicciones, y es el elevado número  de asuntos que entra en el juzgado. En el mío una causa no urgente tiene un señalamiento de un año y medio, y  así es difícil dar un buen servicio público. A eso añade posibles suspensiones, recursos, y en su caso ejecución...; hace falta, como ya he apuntado antes, mayor inversión en tecnología, centralizar trabajo, no entiendo que cada juzgado sea una isla en muchas ocasiones, que respecto de una misma parte en causas diferentes cada juzgado tenga que realizar la misma averiguación domiciliaria, patrimonial... . La nueva oficina judicial podría ser una solución en la buena dirección, pero ya de nueva tiene poco, desde el 2003 ha llovido mucho, y seguimos esperándola.
P: ¿Qué opinas de las tasas judiciales? ¿Cuál es la repercusión en vuestro trabajo?
R: En mi opinión ha sido una ley  precipitada, que debería haber tenido mayor debate político y social, se podría conseguir sus fines de otras formas, como vía costas por litigar con temeridad, o priorizando la mediación, y en cualquier caso, restringirla a la segunda instancia. No puede ser que haya quien no acuda a la justicia por falta de medios económicos.
En mi jurisdicción las tasas sólo se aplican a la segunda instancia, y tras  el acuerdo del Pleno del Tribunal Supremo que seguimos la mayoría de juzgados, que excluye del pago de las mismas a los trabajadores y beneficiarios de la Seguridad Social, se puede decir que el impacto las tasas ha sido residual.
P: ¿Cómo es tu relación con la abogacía?
R: Bastante bueno, como ya comenté anteriormente, el trato es muy cercano y cordial.
P: ¿Cómo es un día de conciliaciones?
R: En primer lugar hay que estudiar el asunto, ver cual podría ser una solución buena para ambas partes, ofrecérselo al letrado y su cliente, explicando sobre todo a este último que es mejor un mal acuerdo que un buen pleito, que va a ganar en tiempo  y “salud”, y que en cualquier caso, ganar no siempre conlleva “cobrar”, aunque tengo que confesar que con la experiencia sólo viendo a las partes entrar en el despacho ya sé cuando no hay que insistir.
P: ¿Cuál ha sido tu evolución como secretario en todos estos años?
R: Al comienzo de mi carrera me preocupaba la complejidad de los asuntos; en una segunda etapa fue  las cantidades ingentes de papel que entraba en el juzgado, ahora lo afronto todo con pragmatismo.

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