22 de julio de 2014

La ciudad resiliente. Una forma inteligente de entender la ciudad.

Autor: Rubén Fernández Vela, 
Consultor legal de tecnología y entornos digitales.

Fuente: Rocketfeller Foundation

El vocablo “Resiliencia” tiene su origen en el término latino “Resilio”, que significa volver atrás, volver en un salto, rebotar. En el idioma castellano fue la física quien adoptó el término resiliencia para referirse a la capacidad que tienen los cuerpos para volver a su forma original después de haber sufrido deformaciones producto de fuerzas que actuaban sobre él. En su vertiente tecnológica equivale a la capacidad de un sistema de soportar y recuperarse ante cualquier perturbación. Desde el ámbito de la física este vocablo ha sido posteriormente acogido por otros campos del conocimiento aumentando su polivalencia conceptual.  De este modo:
  • Desde el punto de vista de la psicología, es la capacidad que tienen las personas de poder sobreponerse a periodos emocionales negativos o a contextos situacionales problemáticos.
  • Desde el ámbito de las Ciencias Sociales, es entendida como la capacidad que tienen los grupos sociales para poder sobreponerse a aquellos resultados o situaciones adversas, de forma que reconstruyen sus vínculos internos con la finalidad de prevalecer como colectivo y mejorar sus respuestas adaptativas.
  • La ecología la contempla como la capacidad de las comunidades y ecosistemas de absorber las perturbaciones sin alterar, gravemente, la estructura y funcionalidad de las mismas, pudiendo regresar a su estado original una vez que el riesgo haya cesado.
También hay un significado para la resiliencia desde el punto de vista del emprendimiento, entendiéndose como la capacidad que tiene el emprendedor para hacer frente a situaciones que obstaculicen la generación y desarrollo de su negocio, creando sinergias con socios o colaboradores.
Finalmente, en las ciencias jurídicas, la resiliencia es entendida como la capacidad que tienen las personas, dentro del contexto de los Derechos Humanos, de recuperar su estado original de libertad, igualdad, inocencia, etc., después de haber sido sometidas a las acciones de fuerza del Estado.
Todas las acepciones del concepto tienen algo en común: se refieren a la capacidad que tienen los objetos o los sujetos de adaptarse a los cambios del entorno, amortiguándolos, sin que cause impactos negativos en el sistema y así mismo, en algunos casos, poder obtener o movilizar recursos para generar unas mejores respuestas.

La rueda de la resiliencia

Para poder trasladar la aplicación del concepto “resiliencia” al de ciudad, debemos entenderla no desde la visión clásica que define a ésta como “un conjunto de edificios y calles, regidos por un ayuntamiento, cuya población densa y numerosa se dedica, por lo común, a actividades no agrícolas”, sino la que desde una visión más moderna la contempla “como un conjunto de nodos interconectados entre sí que, generando información enriquecida e interpretable, configuran una estructura mayor o superestructura”. Así, desde esta perspectiva y como ejemplo, los barrios forjados a lo largo de la historia (que no las configuraciones administrativas artificiales que son los distritos) serían las células que, autónomas generadoras de información, componen otro organismo mayor, en nuestra metáfora, la ciudad.

Aunque en el concepto de resiliencia de una ciudad suele haber una relación íntima de cómo ésta reacciona ante desastres naturales [i]podemos diferenciar dos formas de aplicación del concepto, una en sentido estricto y otra en sentido amplio:
  • La primera, se centra en reducir el concepto de “ciudad resiliente” a aquella que está preparada para afrontar los riesgos naturales que pueden acecharle mediante el diseño preventivo de estrategias sostenibles.
  • El segundo concepto, amplio y acorde con la realidad actual, es el que entiende una “ciudad resiliente” como aquella que no solo está preparada para afrontar posibles riesgos naturales, sino que, en general, cada órgano de la misma, cada barrio, es capaz, dentro de un sistema mayor, la ciudad, de absorber y resolver sus diferentes retos generando información enriquecida para el conjunto. En definitiva, se trata de una adaptación al cambio constante que vivimos.
Para su efectivo desarrollo se debe llevar a cabo la tarea de descongestión de las infraestructuras que propone el concepto de “ciudad inteligente”, organizando estructuras menores interconectadas que implican la creación de fórmulas participativas las cuales, finalmente, harán que los datos enriquecidos transmitidos tengan mayor validez dando lugar a un efectivo empoderamiento de la ciudadanía en la participación, decisión y planificación sobre la ciudad, co-creando con la Administración Local. Éstas deberán entender y tomar conciencia de quién mejor que aquél ciudadano que vive, ha vivido y vivirá en un barrio, sabe lo que éste necesita. Este conocimiento debe ser entendido como bidireccional, esto es, ciudadano - administración y viceversa. Todo esto deberá ser realizado mediante el uso de tecnologías aplicadas al entorno urbano para crear un verdadero y efectivo tejido digital interpretable y, como he mencionado, enriquecido, capaz de responder a demandas y situaciones que, de otro modo, serían imposibles de solucionar debidamente, ni siquiera mediante las fórmulas que presenta la “ciudad inteligente”.
Fuente: Rocketfeller Foundation
La resiliencia en la ciudad debe incluir cuatro planos:
  • Plano gubernamental, político, institucional: el cual debe fomentar la coordinación entre los distintos núcleos de la ciudad, reivindicando el protagonismo del barrio frente al artificio del distrito. Además siempre debe tratarse de un modelo de gobierno abierto.
  • Plano social: se trata de un empoderamiento de los ciudadanos mediante la participación, datos abiertos, etc.; en definitiva poniendo en práctica una democracia basada en el conocimiento que, a su vez, para hacerla efectiva, se sirve del Internet del conocimiento.
  • Plano económico: principalmente se trata de la reutilización de los datos enriquecidos para generar posibles beneficios y dotación a pequeños comercios de barrios y a las asociaciones.
  • Plano medioambiental: es en este plano sobre el que todos los estudios de la resiliencia de la ciudad hacen hincapié, por ello he decidido centrarme en los tres primeros los cuales, hasta ahora, han quedado relegados del foco de la atención.
De la interacción de estos planos (teniendo en cuenta la participación, los datos enriquecidos que provienen de cada unidad y de su interpretación ulterior) se podrá generar un mayor compromiso local, garantizando una respuesta clara, precisa y directa a cada uno de los núcleos de la comunidad. Las ventajas de aplicar el concepto amplio de resiliencia a la ciudad son muchas, de forma simplificada pueden reducirse a dos grandes grupos.

Ventajas a nivel de liderazgo político:
  • Se alcanza una mayor confainza y legitimidad en las autoridades locales eliminando la desafección actual.
  • Se produce una necesaria descentralización de las competencias, lo que implica una optimización en la realización de las tareas que le competencias
Beneficios  para los ciudadanos:
  • Aumenta la participación ciudadana de calidad.
  • Generación de un sentimiento real de pertenencia.
  •  El ciudadano se erige como conocedor de todo lo público.
Por supuesto que la gestión, implantación y desarrollo de los parámetros o planos de resiliencia en una ciudad no es baladí, supone un altísimo grado de implicación del Gobierno local, las autoridades y departamentos municipales, los sectores académicos, ciudadanos, sectores empresariales, asociaciones y ONGs, etcétera, en definitiva todos los actores sociales que componen y cohabitan en una ciudad.
Será recomendable que una entidad externa elabore un plan de acción que defina, gestione, audite y revise los roles de todos los actores hasta la madurez de su implantación. Igualmente, la creación de un verdadero marco de normas de soft law y hard law al respecto a nivel local de y sobre temas como el gobierno abierto, la transparencia, los datos abiertos, la reutilización de los datos, etc. Y, por último, el uso intensivo de los espacios digitales.
Para ello, entiendo necesario una importante educación ciudadana desde una temprana edad, una transmisión de conocimiento tanto por medio de las tecnologías de la información como de persona a persona, la creación de aplicaciones, el uso de nuevas herramientas de clasificación o de otras ya existentes como, por citar dos ejemplos, Streetmix, para el diseño de las calles, y Wikimapía, como repositorio de múltiple información.

Opino que la "ciudad inteligente", en realidad, no es más que un experimento de algunas grandes multinacionales. Últimamente diferentes adjetivos han calificado la configuración de la ciudad, así, según el lugar, momento o intereses se ha hablado de una ciudad sostenible, habitable, sana, segura, bio climática, verde, de los ciudadanos y, ahora, "Inteligente".

Entiendo que una empresa, con capacidad suficiente, que vea un nuevo nicho de mercado y negocio debe explotarlo pero lo que no es aceptable es que, en el proceso de consecución de ese legítimo acto mercantil, puedan verse afectados valores tan importantes como son la transparencia, la participación y la coproducción conjunta entre ciudadanía y la entidad local, al no integrar a sus principales activos, los ciudadanos, en todo este proceso.

Quisiera concluir expresando, que una ciudad es mucho más que un nicho de negocio empresarial siendo todo el colectivo de sus integrantes los que  deberían construirla y no un conjunto de empresas con objetivos y valores dispares.

Si te gustó esta entrada, tal vez te interese leer:



[i]  Ver Cómo desarrollar ciudades más resilientes: Un Manual para líderes de los gobiernos locales; publicado por las Naciones Unidas

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Déjanos aquí tu comentario. ¡Gracias por participar en la conversación!