27 de junio de 2014

El ciudadano ante la "ciudad inteligente" o David versus Goliat

Autor: Rubén Fernández Vela, 
Consultor legal de tecnología y entornos digitales.

Fuente: City 2.0 Editorial TEDbooks
Según datos de la Organización de las Naciones Unidas, en el año 2050 más del 70% de la población vivirá en ciudades. A estas podemos entenderlas como plataformas donde las personas viven, trabajan y desarrollan su actividad en el marco de los numerosos servicios que prestan. Las ciudades son el centro de la mayor parte de los recursos energéticos de un país y tienen un gran impacto en el desarrollo de los mismos. Ante este nuevo escenario las administraciones públicas deben plantearse una evolución de los métodos de gestión de las mismas que implique el uso de las tecnologías electrónicas. De forma mayoritaria se acepta que las ciudades están tendiendo a convertirse en organismos inteligentes y esta tendencia, a medida que pasen los años, seirá incrementando. Pero, ¿qué entendemos por “ciudad inteligente”?

Existen diversas formas de definirla. Así, una ciudad adjetivada de “inteligente” (más usado su anglicismo "smart city”) es aquella que hace uso de las nuevas tecnologías para que tanto su infraestructura como sus componentes y los servicios públicos ofrecidos sean más interactivos y eficientes y, por medio de ellas, los ciudadanos puedan tener acceso a datos y servicios que la ciudad genera. El término también se refiere a aquellas inversiones en capital humano, social y en infraestructuras de la comunicación que son capaces de fomentar el desarrollo económico sostenible y una elevada calidad de vida, junto con una sabia gestión de los recursos naturales a través de los gobiernos participativos.

Una definición más común del concepto, es la que concibe a las "ciudades inteligentes" como aquellas comprometidas con su entorno, tanto desde el punto de vista medio-ambiental como en lo relativo a elementos culturales, históricos o de desarrollo de una arquitectura de vanguardia y donde las infraestructuras y elementos urbanos están dotados de soluciones tecnológicas que hacen la vida del ciudadano más sencilla. Al fin y al cabo se refiere a la comunicación entre máquinas (M2M). Esta interconexión permite la posibilidad de poder comunicar ingentes cantidades de datos permitiendo predecir los acontecimientos y, en consecuencia, contribuye a hacer más cómoda la vida de los ciudadanos.

Un enfoque cercano al planteamiento anterior es el que defiende el concepto de "ciudad inteligente" como un espacio urbano con infraestructuras, redes y plataformas, junto a millones de sensores entre los que hay que incluir las propias personas y sus diferentes dispositivos móviles. Un espacio que multiplica la capacidad de escuchar y comprender lo que pasa en la ciudad y, por tanto permite llevar a cabo un más completo análisis, tomar mejores decisiones y, a su vez, proporciona información y una mejor prestación de servicios a los habitantes, En todo caso es el uso de técnicas avanzadas en tiempo real lo que implica una mejora de los servicios.

Finalmente, desde otra concepción se define la "ciudad inteligente" como aquella que crea y mantiene una plataforma que permite maximizar la economía, la sociedad, el entorno y bienestar de las ciudades facilitando un cambio de comportamiento hacia un uso más sostenible entre todos los agentes ciudadanos, el gobierno y las empresas. En definitiva una nueva realidad que permite innovación y ahorro presupuestario.

En todo caso en una "ciudad inteligente" la información llega en el momento preciso e integra lo digital con lo físico, lo virtual con lo real, combinándolo todo. Parece que se trata de imponer una cuasi dictadura de las tecnologías al imponerse al ciudadano, entendiendo que esta gestión automática y eficiente de lo urbano reducirá los costes.
De entre los servicios que debe prestar una "ciudad inteligente" cabe destacar:

Fuente: elaboración propia 

  • la movilidad urbana,
  •  la eficiencia energética,
  •  la eficiencia medioambiental, 
  • la gestión de infraestructuras y edificios, 
  • la seguridad pública, 
  • la salud electrónica, 
  • el comercio electrónico, 
  • la educación, 
  • el capital humano,
  •  la cultura, 
  • el gobierno en relación con la ciudadanía y
  • el curso intensivo y automático de las tecnologías digitales.

Dentro de todo este conglomerado centrémonos en el binomio gobierno y ciudadanía. Es decir, aquella relación y participación por parte de la ciudadanía en la toma de decisiones y en las actuaciones del gobierno y de la administración en un marco de transparencia y siempre, entendiendo la apertura de los datos como
paso inexcusablemente previo a la implantación del modelo una ciudad inteligente.

El sustrato necesario para la adecuada implantación de este modelo de ciudad en cuanto a lo que gobierno y ciudadanía se refiere debe estar compuesto por la suma de:
  •  a) administración electrónica,
  •  b) participación real en el uso de los medios sociales de los
  • ayuntamientos,
  •  c) apertura de datos,
  •  d) existencia de canales de telecomunicaciones
  • propios tales como un canal de televisión y/o una emisora de radio y
  •  e) aplicación intensiva de análisis sobre los datos abiertos que nos faciliten entender el comportamiento de los ciudadanos.
Para ello debemos contar con una serie de “agentes clave” que se incorporen a una “ciudad inteligente”. El primero de ellos, sin lugar a dudas, debe de ser el Ayuntamiento como responsable de la gestión de todos los aspectos relacionados con la ciudad, debiendo impulsar la creación de la ciudad inteligente.
Por otro lado, se encuentran las diferentes consultoras y expertos en tecnologías digitales. Aquellas personas y empresas relacionadas con las tecnologías en las ciudades inteligentes que sean integradoras de dichas tecnologías y que puedan dotar del software (middleware) que asista a una aplicación para interactuar o comunicarse con otras aplicaciones, además de la implantación de software de redes, hardware y sistemas operativos capaces de procurar aplicaciones de fácil programación y manejo para que pueda distribuir y recolectar la información de manera instantánea, es decir aplicaciones que sean capaces de llevar a cabo un importante manejo y análisis de datos. Finalmente, no hay que olvidar, dentro de los “agentes clave” a los proveedores de aplicaciones, las empresas eléctricas, los proveedores de infraestructuras de telecomunicaciones, las constructoras y, en general, todos los proveedores que disponen y ofrecen sus capacidades para prestar servicios de sistemas operativos urbanos.

Desde mi punto de vista, no estoy en absoluto de acuerdo con el concepto de “ciudad inteligente” tal y como está siendo configurado. Por una parte, entiendo que el agente principal movilizador de estas ciudades es el Ayuntamiento; por otro lado, estimo una serie de pautas - como por ejemplo gobiernos participativos descentralizados- sobre cómo ha de ser el gobierno abierto para que una ciudad inteligente pueda alcanzar el éxito deseado. Entiendo que, por desgracia, tal y como están estructuradas hasta ahora las cosas, la "ciudad inteligente" y el papel de los ayuntamientos se reduce al de ser una simple marioneta de grandes multinacionales que trabajan sobre el terreno del municipio y que, actuando sutilmente, deciden por todos sus habitantes cómo quieren que sea la ciudad sin contar, en caso alguno, con aquellos que deberían ser los verdaderos y únicos protagonistas de este proceso, los ciudadanos. Por ello debemos reivindicar otro tipo de configuración urbana, el de la “ciudad resiliente”, el cual trataremos en posteriores artículos.

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