31 de mayo de 2013

La conspiración de Redford: democracia y división de poderes

Escena de La conspiración
La  conspiración (The Conspirator, Robert Redford 2010) fue la película elegida para la tercera sesión de la V edición del Ciclo de Cine y Derecho que, como cada año, organiza nuestro Colegio. La   película  analiza  el proceso penal a los sospechosos de organizar el asesinato del presidente, centrándose  en el caso de Mary Surratt,  única mujer entre los acusados.
Emilio Calderón, escritor e historiador (su obra más reciente es La Biblioteca) fue el encargado de presentar la película. Para empezar,  situó el contexto histórico. La acción transcurre en el año 1865, punto álgido de la guerra de Secesión entre el Norte y el Sur de Estados Unidos, que se inició precisamente con la llegada al poder de Lincoln en 1861. Emilio Calderón señaló que en sus orígenes, el plan de John Booth (autor material del magnicidio) y sus colaboradores era secuestrar al presidente, para forzar una negociación y un posterior intercambio de prisioneros. Sin embargo, el  plan cambió al conocerse la intención del presidente de otorgar el derecho de sufragio a los esclavos. Este hecho determinó que el objetivo pasase a ser el asesinato del presidente. Los conspiradores querían desestabilizar todo el sistema, asesinando  también al vicepresidente Johnson, al General  Ulysses S. Grant (general en jefe del ejército de la Unión) y al secretario de Estado, William H. Seward y derrocar así al gobierno.
En la introducción, Emilio Calderón adelantó  los principales temas que surgirían en el debate: la tensión política presente en toda la película, la vinculación del mundo político y el jurídico, así como el hecho de que los acusados, civiles, fuesen sometidos a un juicio militar. Por último avanzó algunas de sus críticas a la película: su supuesta falta de objetividad y el  hecho de no mostrar toda la complejidad del proceso judicial. Para él la película, a pesar de su corrección formal se ve lastrada por la presencia nada sutil de las tendencias políticas de su director, Robert Redford.
Precisamente ese fue el reproche que parte de la crítica cinematográfica nacional e internacional hizo a la cinta de Redford, acusándola de ingenua por un lado, en cuanto al tratamiento y fría en cuanto a la capacidad de emocionar e interesar al espectador. Es innegable la huella personal de su realizador en la película, cuya trayectoria siempre ha reflejado su compromiso personal en la defensa de los valores democráticos.
Desde el punto de vista jurídico, queremos destacar tres aspectos que fueron objeto de discusión en el debate
  • Uso político de la justicia: si la base de la democracia es la división de poderes, la película cuestiona  la continua intromisión del  poder político la labor del poder judicial, intentando controlar y determinar el resultado del proceso.
  • Legitimidad de los procesos judiciales y policiales utilizados. Ya  se ha mencionado el hecho de que el proceso se llevó a cabo ante un tribunal militar, con las consecuentes diferencias en cuanto a las garantías procesales para los civiles. La película  describe con detalle las penosas condiciones en las que están recluidos los acusados (es evidente la denuncia de Guantánamo en este punto) que permanecen encapuchados y se les quita la capucha sólo cuando están ante el tribunal. Mary Surratt, por su parte, permanece incomunicada durante un mes tras su detención.
  • La ética del abogado ante la defensa de determinados clientes, que se refleja en las dudas personales que atormentan al joven  abogado y convencido defensor de la lucha del Norte, Frederic Aiken (James Mc Avoy en una acertada actuación) cuando se ve obligado a aceptar el caso de Mary Surratt (interpretada por Robin Wright). La evolución del personaje de Mc Avoy ensalza el derecho a la defensa como garantía fundamental, por encima de otras consideraciones. En la narración del proceso volvemos a encontrarnos con el trasfondo del 11-S. Tras un suceso que cambia radicalmente el entorno, el poder político quiere una justicia rápida y eficaz, lo que puede chocar, como sabemos, con los fundamentos de un  Estado de Derecho.

Es inevitable hacer el paralelismo con Kennedy cuando se analiza el asesinato de Lincoln, como nos recuerda Francisco Fernández Zurita (coordinador del Ciclo) en la ficha sobre la película: conspiraciones frente a lobos solitarios, defensa de ideales que levantan ampollas entre sectores poderosos de la sociedad y la economía y una coincidencia curiosa: en ambos casos, los presidentes asesinados fueron sucedidos por un vicepresidente apellidado Johnson. No podemos adentrarnos más sin desvelar detalles de interés, por lo que os animamos a ver o a revisar la película.

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Imagen inicial tomada de http://theamericanfilmcompany.com

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