1 de marzo de 2013

El concepto de residencia habitual en el nuevo Reglamento Europeo de Sucesiones

Presentación de la Jornada sobre el Reglamento Europeo de Sucesiones

Acaba de tener lugar en nuestro Colegio la Jornada sobre el Reglamento Europeo de Sucesiones, organizada por la Cátedra de Derecho Notarial de la Universidad de Málaga.En ella pudimos aproximarnos al Reglamento  de la mano de expertos fundamentales y comprender mejor los nuevos retos que la normativa europea plantea. Uno de ellos es el concepto de residencia habitual. El catedrático de Derecho Internacional Privado de la Universidad de Granada, D. Sixto Sánchez Lorenzo centró parte de su exposición en desgranar el papel que juega la residencia habitual y qué se entiende por tal. Reproducimos aquí las notas esenciales de su análisis.
¿Cuáles son las reglas sobre la ley aplicable en general en el nuevo reglamento? La primera posibilidad, es la denominada professio iuris: que la persona elija la ley aplicable a su sucesión. Puede elegir su ley nacional en el momento de hacer testamento o la nacionalidad que tenga en el momento de fallecer (no lo sabe, pero se puede en ese caso prever). Si tiene varias puede elegir entre ellas.  Esta es una opción que no teníamos y que Sánchez Lorenzo considera un paso adelante.
En defecto de esa elección, se nos va a aplicar la residencia habitual en el momento del fallecimiento. Y es aquí donde se inician las inseguridades: ¿qué es “residencia habitual”? Es un concepto fáctico, no jurídico como la nacionalidad, y por tanto más difícil de determinar. El reglamento da unas pautas (el Tribunal de Justicia también las ha dado en materia de menores). No tiene nada que ver con el concepto de domicilio que es algo administrativo, sino con el lugar donde una persona está establecida de alguna manera, con unas ciertas raíces. Es un concepto indeterminado y por tanto equívoco y que puede plantear ciertas dificultades. A veces la residencia habitual puede ser poco indicativa: una persona puede vivir durante 15 años en un país y sin embargo ese vínculo personal no se ha establecido como un vínculo significativo. Pensemos en los británicos que viven en Málaga y que ni siquiera hablan el idioma del país, viviendo en una especie de gueto, ¿eso es residencia habitual? Técnicamente sí, porque una persona jubilada que lleva aquí 15 años; pero a veces no es representativo. Esto hace que el propio reglamento haya previsto que incluso aunque la residencia habitual en el momento del fallecimiento esté determinada,  se pueda recurrir a la cláusula de excepción: que se aplique una ley que se estime más estrechamente vinculada.
Problema: el concepto de vínculo más estrecho se hereda de las normas de ley aplicable en materia de contratos y obligaciones contractuales, donde tiene un ámbito muy razonable.  Pero cuando hablamos de estatuto personal, el catedrático manifiesta una cierta aversión a la inseguridad jurídica. Cuando hablamos de familia, de personas, de sucesiones, la estabilidad y la previsibilidad de la ley aplicable es un plus que no existe en materia de obligaciones contractuales.
Hasta ahora un notario que tenía que hacer, por ejemplo, un acta de notoriedad de una declaración de herederos ab intestato tenía el problemilla de tener que determinar la nacionalidad para saber cuál era la ley sucesoria y, en su caso, de acatar el reenvío. Pero era algo bastante previsible.
En cambio, si ahora hay que aplicar la ley de la residencia habitual y ésta no es clara, o sí es clara pero no estoy muy convencido de que sea una ley vinculada, la decisión o el cálculo aquí es mucho más complicado y puede dar lugar a contradicción: lo que para mí es residencia habitual para un juez no lo es. El Reglamento establece claramente que la cláusula de excepción no se puede utilizar cuando no tengamos claro cuál es la residencia habitual, no es una vía de escape, no; la residencia habitual hay que determinarla, todo el mundo tiene una residencia habitual. Y una vez que la determines decidirás, en casos manifiestamente excepcionales, si hay una ley más vinculada. Los criterios no son seguros. ¿Cuál es el problema? Aquí estamos ante una aplicación de la ley sucesoria que no se hace en altas instancias judiciales, con lo cual las cuestiones al Tribunal de Justicia van a ser limitadas, no van a tener la agilidad por ejemplo del Reglamento Bruselas II donde hay un procedimiento de urgencia y que ha dado lugar a una jurisprudencia más dinámica. 
Para Sánchez Lorenzo el reglamento no mejora la seguridad jurídica, pero sí da elementos para una cierta autotutela y que los prácticos consigan esa seguridad jurídica. Según el ponente, con este reglamento lo primero que hay que hacer es el testamento y segundo, elegir la ley aplicable. Es lo que él aconseja porque, a su juicio, es la única manera de conseguir la seguridad jurídica en este ámbito.

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