24 de septiembre de 2012

¿Testigos? ¡No, gracias! Pautas para un interrogatorio eficaz



El ponente durante su intervención
En esta entrada queremos resumir algunas de las reflexiones que Juan de Dios Camacho Ortega hacía sobre los interrogatorios en el marco del Curso Estrategias y técnicas procesales (particularmente laborales) celebrado los días 13 y 14 de septiembre en el Colegio de Abogados de Málaga. Juan de Dios Camacho es Magistrado-Juez  titular del Juzgado de lo Social nº 1 de  Córdoba. 

En su presentación, Juan de Dios Camacho se definió como un “investigador procesal privado”, que lleva 25 años estudiando  el proceso, siempre en relación con la vida. La vida está presente en la estructura medular del proceso.  Por eso, los abogados deberían ampliar su visión sobre el proceso, trabajando la empatía. Como abogados, debemos ser capaces de ponernos en el lugar y de pensar como el juez, como el compañero cuya tesis tenemos que rebatir y como nuestro cliente.

El jurista no debe quedarse en el estudio de las actualizaciones legales, en el conocimiento de la última reforma legislativa. Debe ir un paso más allá: estudiando y conociendo otras disciplinas. Él estudió, entre otras cosas, Sociología y Psicología, dedicando tiempo a leer psicología penal, especialmente norteamericana.  Centrándose más en el aspecto del testimonio, Camacho  afirmaba que los juristas tienen que estudiar la psicología del testimonio, la comunicación no verbal.  En este sentido, recomendó leer a Martínez Selva. Antes de comenzar a analizar la figura del testigo, Camacho nos dio una de sus reglas de oro: ¿Testigos? No, gracias

Los testigos conllevan un elemento de incertidumbre, ya que no podemos tener control sobre lo que finalmente van a declarar ni sobre lo que preguntará la otra parte.Si tenemos que usarlos, hay que prepararse muy bien. En un 80% de los juicios penales, la condena se basa en la declaración de un testigo. Por eso, hay que tener mucho cuidado con el testimonio. La mente humana es muy frágil. Debe intervenir un profesional adecuado.

Primero hay que entrevistar al candidato a testigo, después fidelizarlo y analizarlo, hasta decidir si lo usaremos.En la entrevista utilizaremos técnicas  como la escucha activa y  el parafraseo: le haremos un resumen de su propio testimonio para que nos lo confirme.

Lo ideal sería poder entrevistar al testigo en el lugar de los hechos, para  lograr recrear los recuerdos. Tenemos que eliminar las emociones, quedarnos con los hechos objetivos: en el juicio importan los hechos pertinentes, útiles y traídos legalmente al proceso.

Ejemplos de preguntas para la entrevista: aspectos que debemos tener en cuenta

  • ¿Qué clase de testigo es? ¿Directo (estaba allí, en el lugar de los hechos) o indirecto?  
  • ¿Qué hechos conoce el testigo? ¿Qué hechos necesito para probar y construir mi caso? Aquí, Camacho volvía a citar el art. 217 LEC que, en su opinión, debería presidir todos los despachos, todo abogado debería tenerlo siempre presente. 
  • ¿El testigo tiene compromisos (tachas)? 
  • ¿El testigo tiene debilidades? Nervios,  lenguaje corporal, etc.

En cada pregunta vamos a puntuar al testigo con un 1 o con un 0. Al finalizar la entrevista, y en función de la puntuación obtenida, decidiremos si lo vamos a usar o no en juicio, si el candidato se convierte finalmente en testigo.

Una vez que lo consideramos testigo, trabajamos con él en el despacho, antes del juicio: es la fase de verificación del testigo. Tenemos que instarle a decir la verdad.  Camacho recomienda ensayar  y trabajar, si es posible, llevarlo con nosotros a ver juicios, para que se familiarice con el escenario. No se trata de adoctrinar al testigo, sino de contarle lo que va a pasar. Preparar y ensayar éticamente con mi testigo no es ilegal, el no hacerlo es una irresponsabilidad.

Hay que cuidar también los aspectos formales  (la ropa, la manera en la que se va a presentar ante el tribunal) y la comunicación no verbal: el testigo habla incluso cuando no habla. No podemos descuidar su lenguaje corporal, sus miradas y gestos antes y después de su intervención en el juicio.

Una vez en sala, si el tribunal no hace al testigo las preguntas generales de la ley, debemos hacerlas nosotros. Hay que hacer preguntas narrativas, preguntas abiertas que permiten micronarraciones. Si podemos, más adelante  haremos preguntas de detalle (o seguimiento, en términos de psicología del testimonio). Es como una técnica del embudo, que aplicaremos de forma inversa en el contrainterrogatorio.

Otras reglas de oro: jamás preguntar si no conocemos la respuesta y hacer preguntas cortas. Imprimiremos un ritmo lento al interrogatorio, para que nuestro testigo esté tranquilo. También debemos inculcarle que responda de forma pausada a las preguntas de otra parte, para que nosotros podamos reaccionar y, en su caso, impugnar alguna pregunta. Por el contrario, en el contrainterrogatorio intentaremos imprimir un ritmo rápido.

Por último, debemos recordar que si el juez tiene que preguntar al testigo, los abogados de las dos partes han fallado como profesionales. En el curso de su intervención, Juan de Dios Camacho recordó la película Veredicto final (The Verdict, Sidney Lumet, 1982), cuando el abogado Frank Galvin (interpretado por Paul Newman) le decía al juez: Señoría, si va usted a llevar mi caso, le ruego que no lo pierda”

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 Imagen superior: Departamento de Formación del Colegio de Abogados de Málaga

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