17 de mayo de 2012

El bueno, el feo y ¿el fiscal?


El IV Ciclo de Cine y Derecho,  organizado por el Colegio de Abogados de Málaga comenzó el pasado jueves 10 de mayo con la proyección de  Fracture (Gregory Hoblit, 2007).  Para presentar la película tuvimos el placer de  contar con D. Eduardo Torres-Dulce,  Fiscal General del Estado. Torres-Dulce es también conocido y apreciado como apasionado cinéfilo y crítico cinematográfico. En este campo, destaca su participación en el programa de TVE  Qué grande es el cine, dirigido por José Luis Garci  y más recientemente, en el espacio radiofónico Cowboys de Medianoche, dirigido por Luis Herrero. Además es autor de varios libros, entre los que citaremos Armas, mujeres y relojes suizos  y Jinetes en el cielo publicados por la editorial Notorius.

Presentación de Fracture en el cine Albéniz
Ya en la presentación de la película, Torres-Dulce adelantaba algunos de los rasgos que hacen de Fracture una estupenda película: un brillante guión, con toques de  Hitchcock (mac guffin incluido) y la  capacidad de dar un aire nuevo a una película que sin embargo contiene todas las claves  del llamado “cine de juicios”.
Gregory Hoblit es un director con  una larga experiencia en este tipo de historias, ya que fue uno de los directores de la mítica serie Canción Triste de Hill Street  (Hill Street Blues, 1981-1987) y también dirigió episodios de La Ley de Los Ángeles (L.A.Law 1986-1994) La originalidad de esta cinta reside en que invierte el orden de los elementos del cine de juicios o  “de abogados”. En primer lugar, tenemos la figura del fiscal: Willy Beachum, interpretado por un Ryan Gosling que muestra ya algunos detalles del  talento que ha brillado en  Los idus de marzo (The idus of March, George Clooney, 2011 y sobre todo en  Drive (Nicolas Widing Refn, 2011). Gosling desempeña el papel que tradicionalmente correspondería al abogado defensor en el cine de Hollywood. En efecto, si pensamos en abogados en el cine, fácilmente nos vendrán a la memoria los personajes de Atticus Finch (Gregory Peck en Matar un ruiseñor) o Paul Bigley (James Stewart en Anatomía de un asesinato). Por oposición precisamente a Paul Bigley, tenemos al fiscal Claude Dancer (George C.Scott) un buen ejemplo de cómo  el fiscal siempre ha sido presentado como “el malo”.
Hoblit, en cambio, convierte al fiscal en el héroe con el que el público se identifica. Los espectadores no admiran, como en otras ocasiones, la prodigiosa mente del villano Ted Crawford (Anthony Hopkins) sino que simpatizan con las dudas e inquietudes del joven fiscal, deseando que triunfe.
Otra de las virtudes de Fracture que Torres-Dulce quiso mencionar es que es una completa descripción del proceso judicial anglosajón. Por eso, durante el coloquio surgió la comparación con nuestro sistema. En este sentido, Torres-Dulce recordó que los sistemas anglosajones entregan el ius puniendi en exclusiva al Estado. En virtud de ese pacto social, no existe acusación particular ni popular. Esto confiere un gran poder y libertad de acción al Ministerio Fiscal. Como vemos en la película, la oficina del fiscal cuenta con su propio equipo de investigación.
En España el sistema creado por la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1889 se basa en la Policía Judicial. En opinión de Torres-Dulce este sistema ya no funciona. En el transcurso del coloquio, apostó por una profunda reforma del Estatuto del Ministerio Fiscal, que incluiría entre otros aspectos la creación de unidades de policía al servicio de los fiscales, y muy especialmente el reforzamiento de la autonomía de la institución fiscal. Insistió en que es  imprescindible que esa autonomía del Ministerio Fiscal sea visible para el conjunto de los ciudadanos. En una reciente entrevista para el portal Abogados, el Fiscal General del Estado comentó ampliamente su opinión sobre estos temas.
Por último, Torres-Dulce señaló otro elemento importante  cuyo tratamiento difiere en Fracture del que recibe en  la mayor parte del cine judicial: la figura de la víctima. A menudo, la víctima queda olvidada en el transcurso de la trama. En este caso, la víctima siempre aparece como centro del proceso penal. Al hilo de este dato, Torres-Dulce planteaba una interesante reflexión sobre cuál es el objeto último del proceso penal ¿descubrir la verdad material  o   justificar y reparar a la víctima?
Estas son solo algunas de las ideas que surgieron en un enriquecedor  diálogo tras una estupenda sesión de cine, que esperamos os anime a debatir y por supuesto a acudir a la siguiente proyección de este Ciclo, que debemos al esfuerzo de un grupo de personas encabezado por nuestro compañero Francisco Fernández Zurita.

Imagen: Área de Comunicación del Colegio de Abogados de Málaga, coordina Jesús Periago

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